Los cóndores de Alejandro Obregón – La Ola Caribe

Variedades La Ola Caribe 2 semanas ago 0 0

Nuevamente marcha a Europa y regresa, esta vez en torno al núcleo de habladores y mamagallistas de La Cueva en 1955 a emprender la etapa más interesante de su carrera y a dejar sembrada una serie de obras a lo largo de toda la ciudad. Participa desde el 8 de enero de ese año en el Concurso Nacional de Pintura organizado por Carlos Dieppa y el Centro Artístico de Barranquilla con la obra Gato comido por un pájaro con la cual obtuvo el segundo puesto. En esa misma época pinta su cuadro Entierro de Joselito Carnaval, usando las mismas temáticas del mural en la recepción del nuevo edificio del Banco Popular de Barranquilla en el Paseo Bolívar plasmando allí su famosa Simbología de Barranquilla, mural trasladado al actual edificio cultural de La Aduana.En La Cueva pinta un pequeño mural, La mujer de mis sueños, bombardeado por perdigones mientras pasa por la dirección de la escuela de Bellas Artes, cargo que rápidamente le aburre mientras al ambiente político del país se encuentra caldeado por la dictadura de Rojas Pinilla pintando el cuadro Luto por el estudiante caído, ganador de una beca internacional de la fundación Guggenheim , un cuadro que presagia otro de igual peso político, Masacre y el ganador del XV Salón Nacional de Artes con su trabajo La Violencia, considerada la obra más importante en la historia de la plástica colombiana.

Obregón dejó en Barranquilla una serie de obras. El mural del edificio Mezrahi con piedras vitrificadas de colores, el vitral del colegio Marymount, el mural Agrario en el edificio Manzur, el mural Cosas del Aire en el edificio del antiguo Banco Ganadero cedido hoy al Museo de Arte Moderno de Barranquilla y sobre todo, de su famosa escultura el Telecóndor, ubicada en la plazoleta del nuevo edificio Telecom diseñado por Manuel de Andreis en 1968 con la develación de la obra en septiembre de 1969 con el pleno mayor de La Cueva: Vilá, el arquitecto Frank Van Heyl, Alvaro Cepeda Samudio, Alejandro Obregón y el escultor del diseño obregoniano, Héctor Lombana Piñeres.

La obra fue craneada en el taller de Lombana del barrio Delicias y sacada, con gran aparataje por su peso, por un helicóptero y quizás fue la única vez que el cóndor pudo remontar las nubes barranquilleras para posarse en su nido de Telecom.Todos estos rezagos de su obra –más los cuadros y el salón especial que tiene el Museo de Arte Moderno con sus trabajos muestra su inmancable amor por Barranquilla a la que siempre regresaba para recordar sus ancestros y aquellos días felices en donde toda la familia se reunía en torno al almuerzo dominical en el hotel El Prado. Nunca pudo acostumbrarse a la temprana muerte de su llave literario Álvaro Cepeda Samudio el 12 de octubre de 1972 en New York al que le hizo, en su lecho de muerte, un hermoso libro ilustrado por su pluma: Los cuentos de Juana.Solo volvió a Barranquilla a una antológica exposición en la Sala Cultural de Avianca recién inaugurada el 4 de abril de 1981, rematada, un año después, con el mítico telón de boca del teatro Amira de la Rosa con la historia, que podría ser la del mismo persiguiendo ninfas y animales en las espesuras acuáticas, de Se va el caimán.

Obregón falleció el 11 de noviembre de 1992 y fue sepultado en el mausoleo familiar del cementerio Universal de Barranquilla. Queda, al desgaire de los tiempos, un fragmento de un verso suyo: “Ahora estoy curado, me curó una carcajada, tan solo a veces veo palos, camino algo peor por unas horas más”.

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